Discurso del presidente de la SNI, Felipe James Callao
Cuando uno recorre los museos del Perú, se encuentra con una verdad que trasciende el tiempo: los antiguos peruanos no solo fueron maestros del barro y de la cerámica, sino también verdaderos artistas del telar.Nuestros antepasados fueron, desde siempre, textileros excepcionales.
Los ejemplos abundan a lo largo y ancho del país: los extraordinarios mantos Paracas, los tejidos Huari, las delicadas piezas de la cultura Chancay que se pueden apreciar en el Museo Amano, o los unkus usados por los incas, entre muchas otras culturas precolombinas.
Cada hilo, cada color, cada diseño cuenta una historia de identidad, de arte y de sabiduría. Y no podemos dejar de destacar los materiales que hicieron posible esas maravillas: el algodón peruano y las fibras de nuestros camélidos andinos, símbolos de calidad y orgullo nacional.
Desde entonces, esas materias primas únicas nos han dado una ventaja comparativa frente al resto del mundo.
Con la llegada del Virreinato, esta tradición textil se enriqueció con las técnicas traídas de Europa, perfeccionando nuestros procesos y elevando la calidad del algodón peruano, hasta lograr dos de las mejores variedades del mundo: el Tangüis y el Pima.
Ya en la República, hacia fines del siglo XIX, y coincidiendo con la creación de la Sociedad Nacional de Industrias, comenzaron a surgir las primeras fábricas textiles del Perú.
Gracias a ese impulso pionero, hoy nuestro país produce prendas para algunas de las marcas más reconocidas del planeta. Porque el Perú fue, es y será un país textilero.
Pero todavía nos falta dar ese gran salto que nos permita ser un verdadero jugador mundial en este sector, porque tenemos todo lo necesario:
· Las mejores materias primas del mundo.
· Una mano de obra calificada y talentosa.
· Tratados de libre comercio que nos abren mercados sin aranceles.
· Y, sobre todo, una tradición textil que corre por nuestras venas.
Entonces, ¿qué nos falta? ¿Por qué, si tenemos tanto a favor, no hemos logrado despegar como lo hizo el sector agroindustrial?
Hace 25 años, el agro exportaba cifras similares a las del textil. Hoy, supera los 12 mil millones de dólares en exportaciones. ¿Qué cambió?
El cambio llegó con la Ley de Promoción Agraria del 2001, que generó un marco que permitió la inversión, la innovación y la expansión.
Por eso la gran pregunta es: ¿No podría el sector textil peruano convertirse en el próximo gran motor exportador del país?
Esa es la reflexión que debemos hacer hoy, en este aniversario y es una reflexión que se la dejo a los ministros aquí presentes, y que estoy seguro que la tomarán en cuenta para diseñar las políticas que nos lleven al despegue del sector textil del Perú.
Personalmente, me emociona profundamente estar aquí, celebrando los 80 años del Comité Textil, un comité que he tenido el honor de integrar y de presidir.
Recuerdo mis primeros pasos como dirigente gremial en el Comité de Confecciones, cuando David Lemor era presidente.
En esa época, el comité era pequeño, y nuestras reuniones en la llamada Coordinadora Textil conjuntamente con el Comité Textil, presidido por George Schofield, eran intensas, sobre todo cuando se discutía el TLC con Estados Unidos.
A su lado estaban grandes referentes como Olaf Hein y Miguel Ucelli entre otros, con quienes las negociaciones y discusiones eran duras, pero siempre constructivas.
Con el tiempo, ambos comités entendimos que nuestras causas eran comunes y que debíamos trabajar unidos.
Así nació un Comité Textil y de Confecciones más fuerte y con una visión moderna: abierta al mundo, pero siempre firme en la defensa de la competencia leal frente a las importaciones desleales.Todavía recuerdo la gran lucha del año 2004, cuando Coco Mufarech Biban, que en paz descanse, presidía el Comité Textil y yo encabezaba el de Confecciones.
Con el apoyo del entonces viceministro de la producción Antonio Castillo, y bajo la gerencia infatigable de Martín Reaño, y con el respaldo de la micro y pequeña empresa de todo el país, pero sobre todo de Gamarra, organizamos una marcha multitudinaria desde el emporio textil de la Victoria hasta el Congreso de la República.
Fuimos recibidos por el presidente del Congreso de ese entonces, el Dr. Henry Pease, quien nos permitió hacer una presentación en la Sala Grau ante varios congresistas.
Gracias a esa lucha constante y perseverante, logramos que se impusieran salvaguardas provisionales frente a las importaciones subvaluadas que dañaban nuestra industria.
Lamentablemente, los gobiernos posteriores fueron más tímidos en enfrentar esa avalancha de productos asiáticos, lo que ha afectado especialmente a nuestras micro y pequeñas empresas. Pero hoy no es día de reclamos. Hoy es día de celebración.
Celebramos 80 años de historia, de esfuerzo, de innovación y de perseverancia. Celebramos a los empresarios, a los trabajadores, a los técnicos, a los visionarios que mantuvieron viva esta tradición ancestral, transformando fibras en riqueza, diseño en orgullo, y trabajo en desarrollo para el Perú.
A quienes están presentes, y a quienes ya no nos acompañan pero dejaron huella imborrable en esta institución: nuestro más profundo reconocimiento.
Ustedes trabajaron por el país sin pedir nada a cambio, con convicción, con amor al Perú, y con la certeza de que el esfuerzo colectivo siempre da sus frutos.
Hoy, su legado inspira a las nuevas generaciones. A los jóvenes empresarios les digo: involúcrense, participen, tomen la posta.
Porque si nosotros no tomamos las decisiones, otros lo harán por nosotros.
Y mirando hacia el futuro, estoy convencido de que el sector textil puede desempeñar un papel fundamental en la transformación del Perú dentro de la visión que tenemos de convertirlo en el centro logístico e industrial del Pacífico Sudamericano.
El textil puede ser la columna vertebral de una nueva etapa industrial, una industria sostenible, innovadora, con valor agregado y con rostro humano.
Si apostamos por la tecnología, por la sostenibilidad, y por integrar la cadena desde la fibra hasta la prenda final, el Perú puede convertirse en un proveedor mundial de prendas de vestir y de textiles de la más alta calidad, haciéndole competencia a países como Italia, Francia o Reino Unido exportando no solo productos, sino también identidad, creatividad y talento peruano.
El textil puede ser el tejido que una el pasado con el futuro, la tradición con la modernidad, la cultura con la competitividad. Sigamos tejiendo juntos ese futuro.
Un futuro donde la industria textil vuelva a ocupar el lugar que merece: el de un país que desde hace milenios sabe transformar un hilo en cultura, en belleza y en progreso. Muchas gracias.
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